Este estudio analiza la Venezuela Azul como una visión estratégica nacional fundamentada en el concepto de Economía Azul. Propone trascender la visión tradicional puramente continental para reconocer los espacios acuáticos como ejes centrales de soberanía, desarrollo económico y seguridad integral. En el estudio se destaca que, aunque Venezuela no es signataria de la Convención de las Naciones Unidas sobre Derecho del Mar (UNCLOS), su normativa interna regula el mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental bajo criterios de sostenibilidad y ética ambiental. La investigación científica marina, en este contexto, se presenta como un activo estratégico esencial para el aprovechamiento de recursos, la adaptación al cambio climático y la defensa del territorio. Se enfatiza su rol en las delimitaciones pendientes, particularmente en la Fachada Atlántica y el Esequibo, donde cambios físicos como la erosión podrían afectar procesos jurídicos internacionales. Finalmente, se plantea la necesidad de proyectar la presencia venezolana hacia la Alta Mar y los espacios polares (Ártico y Antártico) no sólo para el conocimiento oceanológico, sino también para asegurar derechos sobre recursos mineros y genéticos. El texto concluye con una exhortación a fortalecer la «conciencia acuática» mediante la inversión en buques de investigación y el fomento de una ciencia holística que consolide la posición negociadora y el bienestar futuro del país.